• Laura Agena

El renacer de Paolantoni y García

De casi dejar el arbitraje, a estar entre las parejas que pitarán los torneos preolímpicos femeninos en marzo del próximo año. La historia de dos árbitras argentinas que supieron aprovechar un golpe de suerte y empezaron a cumplir sus sueños.

Mariana García y María Inés Paolantoni pitaron su primer mundial adulto en Japón 2019. Crédito: IHF

Si hace dos años les hubiesen preguntado a María Inés y a Mariana dónde se veían en un futuro no muy lejano, difícilmente hubiesen contestado que estarían pitando su primer mundial adulto. Y mucho menos juntas. Esa hubiese sido la respuesta normal de una pareja arbitral con proyección; pero la de Paolantoni y García no es una historia muy normal.


La dupla arbitral que conforman María Inés Paolantoni (36) y Mariana García (28) se transformó en Japón 2019 en la primera pareja femenina argentina en pitar en un mundial adulto. Pero eso no es todo, ‘sobrevivieron’ a los dos cortes y quedaron entre las últimas 7 parejas, en su primer mundial adulto.


¿Y cómo es posible entonces que hace dos años no tuvieran dentro de sus planes conseguir ese objetivo? Bueno, es que simplemente en ese entonces, ni siquiera arbitraban juntas.


Es el día siguiente de la final del 24º mundial femenino adulto; sentada en un sillón en el quinto piso del hotel oficial de la IHF en Kumamoto, María Inés recuerda: "Con Florencia Zanikian, mi ex pareja arbitral, habíamos pitado dos mundiales juveniles, los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, Panamericanos y Sudamericanos juveniles, juniors y adultos. En marzo del año pasado fuimos al clasificatorio del mundial junior femenino, en Brasil, y no nos fue bien, ya estábamos medio mal. Un sábado a la noche, en un partido entre Estudiantes de La Plata y Lanús, en Lanús, todavía me lo acuerdo, me dijo llorando: ‘esto no me hace feliz, no quiero dirigir más, perdoname'". Su respuesta fue clara: “No hay nada que perdonar, sos mi amiga y si no te hace feliz, no hay nada más que hablar”.


Pero de un momento a otro, luego de siete años, Paolantoni se quedaba sin pareja, y casi por consiguiente, sin carrera internacional; aunque de algún modo lo había aceptado. “Yo ya había hecho más en el arbitraje de lo que tenía pensado cuando empecé, yo empecé para dejar de trabajar en McDonald’s. A partir de ahí todo lo que vino fue buenísimo. Hice mucho más de lo que muchos árbitros habían hecho y pensé: si tiene que ser así, que sea así. Estaba segura de que nadie podía hacer algo que no lo hiciera feliz. Pero esa noche para mí se acababa todo. Lloré toda la noche, obviamente, y lo llamé a Thedy”, recuerda con una sonrisa de quien sabe que el final fue otro.


Thedy es Teodoro Adjemian, entonces miembro de la Comisión de árbitros de la entonces PATHF (Pan American Team Handball Association y hoy jefe de árbitros de la ahora Confederación Sur y Centro América de Balonmano, CoSCaBal, así como miembro de esa misma comisión en la IHF). “Él me dijo que ya lo íbamos a arreglar. Al día siguiente dirigimos Vicente López-Ferro Carril Oeste, sabiendo que era el último partido de Florencia. Estaban Patricia (Malik de Tchara, jefa nacional de árbitros), Carlos (Marina, presidente de la Asociación Argentina de Árbitros de Balonmano), Thedy, Ramón Gallego, todos preguntándose ‘¿Qué hacemos?”.


Unos meses antes, fue Mariana García quien había sufrido la misma fortuna y se había quedado sin pareja. “Ya veníamos de dos años muy complicados. El 2015 había sido un año muy complicado para nosotras, el 2016 la remamos y a fines de 2017 dijo ‘basta’, me dijo que el arbitraje no la hacía feliz, que quería formar una familia, proyectar otras cosas. Yo ya estaba decidida a que iba a dejar de arbitrar en marzo”, recuerda García sobre su pareja, Karina Pagani.


“¿Quién te dice que el año que viene no terminamos dirigiendo juntas?”, le había dicho Paolantoni en ese entonces.


“Es imposible que arbitremos juntas, vos y yo”, se rió García, que había sido alumna de María Inés en el curso de arbitraje.


Era abril de 2018 y en Buenos Aires se organizaba el Panamericano juvenil femenino, clasificatorio para el mundial de Polonia. Es por eso que Ramón Gallego, jefe de árbitros y presidente de la Comisión de Reglas de Juego de la IHF, estaba en Argentina. María Inés ya lo había pensado: “Si tengo alguna mínima posibilidad de seguir teniendo carrera, tengo que ser lo más prolija posible”.


Tal y como lo había anticipado días atrás, Adjemian llevó la solución: “Ya tengo la pareja. Es Mariana García, estás de acuerdo?”. “Sí, claro que sí”, respondió Paolantoni. Y entonces llegó la intervención de Gallego: “Hay que ver. Esto no es poner una persona y sacar a otra, las cosas no son tan fáciles. En la IHF ya hemos tenido en el pasado experiencias similares y no siempre satisfactorias. Y aquí no se regala nada, hay que ganárselo”.

“A todo esto, yo no sabía nada”, ríe Mariana al recordar la situación, sentada en su sillón, a la izquierda de su compañera de dupla.


“Claro, Thedy la nombró sin haber consultado, sin saber si ella aceptaría”, acota María Inés.


Playmaker: ¿Y cuándo y cómo le preguntaron si estaba de acuerdo?


María Inés Paolantoni: El tema fue ese, ¿cómo le decimos a Mariana?, ¿quién le dice?, ¿quién le pregunta? Para mí no había que preguntarle mucho, tenía claro que iba decir que sí. Thedy dijo que lo mejor sería que la llamara yo, así que en ese momento me fui afuera de la cancha y la llamé, le dije: “¿Estás sentada?” (risas).


Mariana García: Yo estaba yendo a arbitrar a Villa Ballester, sabiendo que ya no lo estaba haciendo porque me gustaba, que ya no tenía sentido. Me faltaba motivación, no tenía pareja, iba a arbitrar sin ganas. Estaba en el colectivo y recibí una llamada de Inés, y pensé ¿por qué me llama, ella, un domingo a las 2 de la tarde? Atendí y me dijo ‘¿Estás sentada?’ ‘Sí, ¿qué pasa?’ Y me contó que Flor había dejado, entonces intenté consolarla; pero ahí me dijo “No, no te llamo por eso; te llamo para que arbitres conmigo” (risas). ¿Qué? “Sí, para que arbitres conmigo. Flor dejó de arbitrar y Thedy dijo que vos podés ser mi próxima pareja”. Yo le dije que sí, que no había problema, pero ella me insistió: “No Mariana, no es que no hay problema, no te estoy preguntando sí o no, tenés que estudiar inglés, tenés que entrenar, tenés que hacer esto, lo otro. No es un favor” (risas).

PM: El tema es que Inés ya tenía una carrera armada…


MIP: Claro, el problema es que para pitar mundiales de inferiores hay un plazo de edad, y yo ya tenía 35 en esa época; hasta los 40 se puede. Hay que meterle, porque si no pasás a los adultos, ya estás afuera.


MG: Esto de la llamada fue un domingo y me acuerdo de que me dijo: “mañana hacés esto, el martes hacés lo otro, el miércoles vamos a ver a Ramón”. Yo no entendía nada y se me caían las lágrimas. Tenía una amiga sentada al lado mío que me preguntaba qué me pasaba, pero Inés me había dicho que no podía comentar nada. Así que corté y cuando me volvió a preguntar le dije: ‘Nada’ (risas). No lo podía creer.


PM: ¿Cómo fue esa reunión con Ramón Gallego?


MIP: Fue después de una reunión técnica del Panamericano, nos habían invitado y nos quedamos al fondo de la sala. Cuando terminó la reunión Ramón nos llamó y dijo: “Bueno, esto es sacrificio, ya sabemos lo que implica el arbitraje, hay que dejar todo, hay que estudiar inglés, “¿Cómo venís con el inglés, Mariana?”. Y ella le decía “yes, yes” (risas). Hay que estudiar. Florencia no dirige más así que estamos haciendo los arreglos para que vayan a los Juegos Odesur (que eran en dos semanas y media), después de ahí se van a un IHF Trophy y vamos viendo cómo funciona. Yo no creo que esto sea fácil, no es poner una persona y listo, muchas veces no funciona. Tienen que poner el 200% de lo que llevan dentro, y así y todo no es garantía de nada”.


Los Juegos Odesur de Cochabamba 2018, clasificatorios para los Juegos Panamericanos Lima 2019, marcaron el inicio de la carrera arbitral internacional de la dupla Paolantoni-García, que según sus propias palabras fue complicado: “Todo el primer año nos peleamos todos los partidos, o el 70% de los partidos; porque cada una tiene su manera de dirigir y cuando cada una tiene su estilo, a veces no se combinan. Fue complicado. Fue difícil, hasta que cada una entendió lo que la otra necesita. Cuando ella se fastidia ya sé que no la voy a sacar del fastidio hablándole. Cuando me voy del partido ella sabe qué me tiene decir para traerme de vuelta. Eso se aprende con el tiempo”, explica Paolantoni.


PM: ¿Cómo fue el camino para convertirse en árbitras IHF?


MG: Yo me recibí de árbitra continental en Cochabamba (junio 2018) y en octubre, en el Centro-Sudamericano de Naciones Emergentes (Palmira, Colombia), me recibí de IHF. Fue una locura.


PM: Muy repentino todo para Mariana, ¿no? ¿Porque vos cuánto tiempo estuviste para convertirte en IHF, Inés?


MIP: Ni me lo digas (risas). De todas maneras, para mí no había sido tan largo el proceso. En noviembre de 2013 hubo torneos Panamericano junior masculino y Sudamericano femenino adulto, en Mar del Plata (Argentina); ahí nos recibimos de árbitras continentales (con Florencia). Y en marzo de 2014 nos fuimos un mes a Barcelona con un proyecto de entrenamiento arbitral de la IHF, de ahí nos dijeron que por nuestro buen trabajo nos habíamos recibido de árbitros IHF; así que fue bastante rápido.


PM: ¿Y cómo manejaron este salto tan meteórico?


MIP: Yo empecé a ir a un psicólogo deportivo, porque no entendía nada (risas).


MG: Es mucho el estrés, el trabajo, el cansancio.


MIP: El día que ella se recibió de árbitra IHF en Colombia yo no podía parar de llorar. Era como que había resucitado, como el ave Fénix.


PM: ¿Cómo recibieron la primera nominación en el mundial?


MIP: Yo estaba segura de que no íbamos a pitar.


MG: Yo estaba segura de que sí (risas).


MIP: Lo que pasa es que en el primer día del mundial juvenil fuimos reservas…


PM: ¡Cierto! ¡Nos salteamos Lima y el mundial juvenil masculino! ¿Cómo fueron esas experiencias?


MIP: Claro, es que este año estuvimos 3 meses fuera de casa (risas). Las devoluciones fueron buenas, por suerte.


MG: Es que es una locura, pero yo en un año y medio tuve Juegos Odesur, IHF Trophy, Juegos Panamericanos de Lima, mundial juvenil de Macedonia, un mundial adulto.


MIP: De no salir del país a esto…(risas)


PM: Imagino que la idea era seguir esta carrera de árbitras internacionales, ¿pero se imaginaban tantas cosas en tan poco tiempo, pitar un mundial adulto?


MIP: No sé. Cuando nos recibimos…digo recibimos porque para mí fue como volver a recibirme; en Colombia, Ramón nos dijo “tienen que ponerse las pilas, tienes que bajar de peso, hay mucho puesto en ustedes, hemos arriesgado mucho, no pueden decepcionarnos”. Yo había engordado como 8 kilos, por la angustia (risas). Y en febrero de este año nos dijo: “Necesito tantas semanas en tales meses, ¿tienen esos días?”. Nosotras dijimos que sí, y después veníamos cómo nos arreglábamos. Nos dijo algo así como: “tienen un año para prepararse”, y tal vez lo dio a entender, o al menos nosotras interpretamos eso.


MG: Claro, y nos dijo “este año va a ser difícil. Un mundial van a tener, porque hay de varones…”. Pero cuando nos preguntó por la disponibilidad y dijo “necesito 2 semanas, entre noviembre y diciembre”; si te fijabas, lo único que había en el calendario en esas fechas era el mundial adulto y era como “naaaaah, no puede ser” (risas).


MIP: Antes de ir a los Juegos Panamericanos nos había pasado unas fechas en las que no encontrábamos ningún torneo, en Copenhague. Preguntamos a todos, buscamos desesperadas por internet, pero nadie sabía qué podía ser. ¿A dónde nos mandan?, pensábamos. Y resulta que era el pre-curso para el mundial adulto. Cuando te nominan, sabés para qué vas, de ahí salen las parejas para el mundial.


PM: ¿Pero ustedes todavía no sabían que venían al mundial?


MIP: No, no. Fuimos al pre-curso pensando: “bueno, ya estamos acá, hagamos las cosas bien”. Para nosotras ya estar ahí, participar, estar con las Bonaventura y que nos hablaran, ya era lo más (risas). Pensábamos que hacer el curso nos servía, nos ayudaba un montón para entrar en ritmo, para saber de qué se trataba todo.


MG: Y lo mejor vino antes de ir a Lima, estábamos yendo para los Juegos Panamericanos, literalmente armando las valijas. A mí no me llegan los mails, así que no me había enterado. Y me llama Inés y me dice: “¡Mariana! ¿Viste el mail? ¡Nos vemos a Japón!”. Yo no lo podía creer, me puse a saltar, fui a saludar a mi hermana.


MIP: (interrumpiendo) Yo llorando, obviamente, y escucho del otro lado del teléfono: “¡aaaaaaaaaaaah!” (risas). Y nos llega la nominación al mundial, con Mariana con 0 nominaciones en su haber...


PM: ¿Cuáles eran las expectativas para el mundial?


MG: Eeemm…(piensa)


MIP: No cagarla (risas).


MG: Hacer las cosas bien. Las expectativas eran tratar de hacer las cosas bien. Estábamos muy seguras de que nos íbamos en el primer recorte, o en el segundo. Mi familia me preguntó cuándo volvía y les dije “y, el 14 estoy ahí” (risas).


MIP: Aparte, el 18 estaba el congreso de Femebal (Federación Metropolitana de Balonmano), y nos dijeron “miren que tienen que estar”. Y pensamos “seh, en esa fecha estamos seguro, tenemos una semana para prepararnos tranquilas” (risas).


PM: Nunca se hubiesen imaginado llegar a la última semana, ser suplentes en la final…