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KJERSTI ARNTSEN: "Haría falta un cambio cultural colectivo"

La razón de ser de todo debate, en torno a cualquier tema, es la existencia de dos (o más) puntos de vista sobre el mismo, que no necesariamente deben caminar por líneas exactamente contrapuestas. Es más, pueden (y mejor si lo hacen) encontrarse en algún que otro punto del recorrido, o incluso coincidir de base, aunque finalmente la respuesta a la pregunta principal de ese debate resulte opuesta.


El pasado 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, proponía las circunstancias idóneas para reabrir una discusión necesaria de forma reflexiva, donde la Dra. Ainhoa Azurmendi se atrevía a abrir “la caja de Pandora”, tal y como ella misma lo llamó después. Y es que, la situación de desigualdad tan patente en los estamentos arbitrales, donde son muchísimas menos las mujeres presentes con respecto a los hombres, hace que sean varias las discusiones en torno a la pregunta del millón: ¿Qué hacer al respecto?


En este caso concreto, el que nos ocupa es el debate que pone sobre la mesa a mujeres arbitrando mujeres. Y, claro, volver a abrir ese melón genera reacciones muy diversas, tal y como lo hizo el año pasado cuando la EHF anunció que sólo irían árbitras al Campeonato de Europa de Dinamarca. Evidentemente toda opinión responde a al bagaje de cada uno, a esa mezcla entre la formación, el pensamiento crítico, la educación y la cultura de cada individuo. Es más, la propia Azurmendi, quien se pronunciaba a favor de la medida como algo transitorio y no estanco, ya vaticinó un discurso contrario al suyo de quien protagoniza el espacio de hoy (sí, aunque no sea 8-M, este es el pan de cada día en Playmaker | Women's Handball). “Al ser noruega y tener formación en igualdad de género, lo más probable es que no esté a favor, porque la realidad es que allí, por cuestiones culturales entre otras, tienen interiorizados unos discursos más adelantados en ese sentido”, decía. Y, efectivamente, como la discordia es intrínseca a la existencia de un debate, hoy es Kjersti Arntsen (Oslo, Noruega) quien nos explica por qué a ella, la medida adoptada por la EHF para aquel Europeo, no le parece correcta.


Arntsen en el EHF EURO 2016 de Suecia | Foto: Uros Hocevar

En el año 2012, Arntsen comenzó a arbitrar junto a Guro Røen, compañera de gremio también noruega, y ambas conformaron una dupla que durante los próximos años llegó a lo más alto de la élite. En su país, la pareja arbitral formada por Arntsen y Røen fue denominada la mejor de todo el estado, y allí solían arbitrar tanto mujeres como hombres indistintamente. En cambio, a nivel internacional y a pesar de haberse posicionado claramente entre los y las mejores del mundo (en 2016 arbitraron la final de la EHF Champions League femenina y la final, también femenina, de los Juegos Olímpicos de Rio) nunca llegaron a ser designadas para un Mundial o un Europeo masculino. En cambio, y según denunciaron abiertamente algunos medios nórdicos, en la época en la que ellas eran la pareja arbitral número uno, fueron los dos árbitros que les seguían en la tabla quienes recibieron la oportunidad de acudir al Mundial masculino, allá por el año 2018. El no haber elegido a la pareja mejor rankeada para un mundial masculino era algo que nunca había sucedido en Noruega.


Anteriormente se les había informado desde la IHF que, aún siendo la mejor pareja arbitral de su país, no contarían con ellas para competiciones masculinas y que sus próximas paradas serían el Mundial femenino y los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Así pues, y “habiendo perdido la motivación”, según contó Arntsen recientemente a Playmaker | Women's Handball, ambas entendieron que por lo que sea jamás podrían gozar de esa oportunidad que ellas tanto deseaban tener, y en ese año 2018 decidieron retirarse del arbitraje. “Para nosotras, que ya habíamos arbitrado todo en la categoría femenina, suponía un paso completamente natural en nuestra carrera el de avanzar y empezar a arbitrar en los grandes campeonatos masculinos, como lo era para nuestros colegas varones”, comentaba Arntsen recordando aquellos tiempos que no fueron “nada fáciles” para ninguna de las dos: "Sólo queríamos ser tratadas de la misma manera y tener las mismas oportunidades de desarrollo que nuestros colegas varones. Después de que decidimos dejar de arbitrar pasamos un largo proceso de tristeza y pesar, la verdad, porque habíamos dejado algo con lo que disfrutamos muchísimo durante muchos años. Tuvimos el reconocimiento que tuvimos por las cosas que logramos juntas y de repente, fue como que todo acabó. Después de aquello yo me mudé a Londres, me distancié de alguna manera, pero Guro siguió viviendo en Noruega y ella sí que tuvo que estar más expuesta”, comentaba la noruega.


En el país nórdico, los medios criticaron de forma contundente el proceder de la EHF al tomar aquella decisión respecto a las árbitras del Europeo pasado, y Arntsen también tuvo muy clara su postura desde el día en que se publicó la noticia. “Me parece que es un error”, decía. Algunos periodistas noruegos incluso lo tildaron de “burla” hacia el balonmano y la respuesta por parte de la EHF, la cual se basaba en la defensa de la calidad de las árbitras designadas y en la necesidad de cortar de alguna manera la tendencia de desigualdad que existe, no les pareció suficiente. Coincidían, al igual que lo hace ella, en esa necesidad de terminar con una situación desigual y de fomentar la presencia de más mujeres, pero ponían en duda si realmente una competición de tal nivel debía ser “el escenario apropiado para pruebas”.


Playmaker: En cuanto al sentido de aquella decisión que resultó tan polémica, ¿por qué crees que la tomaron?


Kjersti Arntsen: La verdad es que no tengo ni idea, porque para mí no tiene sentido. Creo que hay gente que piensa que esto tiene algo que ver con la igualdad de género, que es algo positivo, pero lo cierto es que para mí, no lo tiene. Me parece que es un mensaje equívoco en muchos sentidos.


PM: ¿Podría ser que hubiera un plan detrás, y por tanto una estrategia para el desarrollo de mujeres árbitras, que la justificaría?


KA: La verdad es que no lo creo. Si quieres generar talentos necesitas exponerlos a desafíos, pero esos desafíos no me parece que deban ser grandes campeonatos de primeras, sino que tienen que seguir un plan. Porque los Europeos o los Mundiales no pueden ser terreno para el desarrollo, sino que son un lugar para la exposición del nivel top. Además, a la hora de hacer las designaciones, estas personas que vayan a ir a un gran campeonato tienen que haber arbitrado antes alguna semifinal o final de algún campeonato internacional de clubes, o por ejemplo Mundiales o Europeos juniors, que es una categoría en la que sí se están desarrollando tanto jugadoras como lo pueden hacer las árbitras. Que si las designan para la gran cita sea porque han sido los o las mejores en estos otros campeonatos en los que han arbitrado con anterioridad. Para mí, al ‘show’ final, tienen que acudir los o las mejores que estén disponibles en ese momento, porque si después la calidad de las árbitras no acompaña se pondrá el foco en el género y no en la falta de experiencia, y eso me parece que es contraproducente.


También creo que no es muy justo para las árbitras con menos experiencia que las expongan de esta manera porque a mí me tocó un papel parecido en 2010, teniendo que acudir al Europeo con una experiencia que creo que no era la suficiente. Y la verdad, fue muy duro. Recuerdo mi primer partido, España - Rumanía. Bueno, la verdad es que no recuerdo apenas nada del partido por lo nerviosa que estaba. Yo había pitado partidos de Champions League antes, pero aquel fue mi primer gran campeonato y siento que fue demasiado pronto. Por eso siempre remarco la necesidad de más partidos. Y no sólo la cantidad, sino también la calidad de los mismos, que hacen falta muchos e importantes para poder coger experiencia de verdad.


Kjersti Arntsen y Guro Røen en los JJOO de Rio 2016 | Foto: FB @arntsenroen

PM: Es evidente que es complicado generar árbitras en un sector (el deportivo) que históricamente siempre ha sido un territorio tan masculino. Pero tú que conoces cómo es el ambiente dentro, que has vivido en primera persona tantos campeonatos y conoces la exigencia a todos los niveles que ello supone, ¿qué crees que debería hacerse para que más mujeres se involucren en el arbitraje?


KA: Creo que principalmente debe haber un avance en la educación, no sólo de las personas que quieran ser árbitras sino también de aquellas que tratan de imponer su criterio a la hora de enseñar o corregir el estilo del arbitraje. Tenemos que tener en cuenta que quizás, por ejemplo, las mujeres al no contar con un físico tan voluminoso como los hombres (normalmente no solemos ser tan altas como ellos) tenemos que buscar maneras distintas de imponer, ya sea con la actitud, con el estilo, y que eso es algo sobre lo que también se nos tiene que educar. Tanto a nosotras como a quienes nos corrigen, porque no necesariamente tiene que ser un error el hecho de salirse del estilo establecido históricamente. Si mi forma de imponer respeto sobre el campo no es la misma que la de un hombre, pero de igual manera consigo el resultado requerido, no veo el problema. Pienso que se trata de ir adecuando el sistema a medida que vayan incorporándose más mujeres al estamento y que de esta manera el proceso se retroalimente. Pero es cuestión del sesgo inconsciente, en general se da por hecho que las mujeres tendremos más dificultades para llevar a cabo nuestros cometidos, y eso, aunque después se demuestre que no, no ayuda. Creo que tienen que analizar la realidad de las árbitras de las que disponen y decidir cuáles son las necesidades principales que tienen para continuar desarrollándose. ¿Necesitan pitar más partidos? ¿Más apoyo? ¿Mejores delegados? ¿Quizás arbitrar ligas domésticas masculinas? Es lo que habría que pararse a estudiar, porque en un Campeonato de Europa, como es el caso, con todo lo que hay en juego, el estadio lleno hasta arriba, los delegados que te observan, las cámaras… es un ambiente de muchísima tensión en el que es tremendamente importante tener experiencia. Hay situaciones que, de no tenerla, puedes salir muy mal parada y al fin y al cabo eso termina afectando a la calidad del producto en sí. Por eso digo que esto que han hecho no me parece la manera de conseguir lo que en teoría se quiere conseguir.


PM: La competición masculina goza de más reconocimiento social. ¿Qué tiene de cierto, desde tu punto de vista, que para los árbitros y las árbitras en general lo máximo a alcanzar sea arbitrar dicha competición?


KA: Sí, es evidente que tiene mayor reconocimiento social. Por tanto, creo que es normal que en general lo máximo a lo que podamos aspirar sea estar ahí. Pero es que, verás, los partidos internacionales de la categoría top masculina, para mí, son más complejos que los de la categoría top femenina. Por la intensidad, la presión, la velocidad… por todo. Y, por supuesto, una siempre quiere que la pongan a prueba en el máximo nivel posible. Por eso, sí, la verdad es que poder llegar ahí era una de las cosas que más nos empujaba en su día a seguir, al menos a nosotras. Pero bueno, eso no quita que también disfrutábamos arbitrando los partidos buenos de la Champions League femenina. Obviamente preferimos eso a que nos designen partidos masculinos de la Challenge Cup, por ejemplo. También probamos eso, pero la verdad es que sentimos que no nos aportaba mucho si lo que queríamos buscar era progreso y continuar poniendo a prueba nuestras capacidades. Lo que creo es que deberían estudiar la cantidad de parejas arbitrales de élite de las que disponen para las competiciones femeninas y designar a las mejores para acudir a Mundiales y Europeos masculinos, por eso de que el desafío y la exigencia es mayor allí.


PM: Un futuro escenario ideal sería aquel en el cual tanto hombres como mujeres arbitren indistintamente competiciones masculinas y femeninas. ¿Lo ves posible?


KA: Sí, podría serlo, claro. Creo que debemos dejar de hablar de árbitros hombres y de árbitras mujeres, para simplemente hablar de árbitros en general y elegir a los/las mejores de entre esas parejas. También hace falta enfocarse en buscar potenciales, quiénes son y cómo podemos hacer que se desarrollen. Creo también que nosotras mismas hemos aportado algo bueno a todo esto, y también, por ejemplo, lo han hecho las hermanas Bonaventura. Ellas, vayan donde vayan, tienen el respeto de todo el mundo, saben manejar cualquier situación, y no tiene nada que ver con el género sino con cómo han peleado por estar donde están. Pero también me parece que haría falta un cambio cultural colectivo muy grande para poder llegar a ese escenario ideal, porque muchas cosas siguen estando demasiado estancadas (como que en una reciente convención de la IHF para entrenadores/as, jugadores/as y árbitros/as por ejemplo, sólo hubiera una mujer, una de las Bonaventura precisamente). Esto muestra claramente que a la hora de la verdad realmente no están involucrados con la causa, y lo que nos queda a nosotras, que ya no hablo sólo de árbitras sino de mujeres en cualquier otra posición de trabajo también, es tratar de cambiar el sistema desde dentro o simplemente retirarnos por el terrible desgaste y cansancio que supone lo otro.

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