• Laura Agena

"Todo lo que luché hasta ahora, fue para estar donde estoy hoy"

En tiempo de cuarentena, Macarena Gandulfo charló con Playmaker - Women's Handball para contar cómo lleva la vida en Rumania, cómo atraviesa la reclusión y cuáles son los sueños cumplidos y por cumplir.

Gandulfo, en el partido ante Rusia en Japón 2019, su tercer mundial adulto. Créditos foto: JHA

Cluj-Napoca está ubicada al noroeste de Rumania, a unos 460 kilómetros de la capital, Bucarest. Es una ciudad que alberga varias universidades, por eso viven allí muchos jóvenes, incluso estudiantes de otros países, lo que la transforma en una ciudad “con onda”. La que lo aclara es Macarena Gandulfo. La argentina de 26 años está transitando su primera temporada en el país que declaró al handball deporte nacional.


“Un día íbamos caminando por la calle con mi mamá, los primeros días que yo estaba acá, y de repente vimos un tremendo cartel de Cristina Neagu en el medio de la calle y yo no lo podía creer, pero claro, acá la conoce todo el mudo. Otro día estaba yendo para el club y empezaron a hablar de ella en la radio, contaban que había renovado, hablaban de las posiciones en la liga, y yo no lo podía creer, hablando de handball en una radio a las 3 de la tarde”, cuenta con asombro la jugadora formada en Sedalo. Es que Gandulfo llegó a una de las ligas europeas más fuertes, al país de origen de una de las mejores jugadoras del mundo de los últimos años.


Pero pese a que la ciudad sea vibrante y joven, Macarena no puede disfrutarla por el momento, porque está dentro de su departamento, acatando la cuarentena desde hace más de dos semanas. La pandemia del COVID-19, que por el momento no parece cesar y hasta forzó la postergación de los Juegos Olímpicos, afectó, como a todos, la rutina diaria de la lateral izquierdo del CS Universitatea Cluj-Napoca.


“Hasta hoy podías, por ejemplo, salir a correr al aire libre individualmente, pero a partir de hoy cancelaron todo, ahora es todo con autorización, no se puede salir para nada. Supuestamente todos los que circulen deberán tener una autorización”, informa desde el otro lado del teléfono.


Playmaker: ¿Cómo es tu día ahora? ¿Tenés unas rutinas para seguir entrenando?


Macarena Gandulfo: Sí, tengo una rutina del club y otra de la selección, y voy haciendo un poco y un poco, como para ir variando. Y después, miro series, leo; pero encima no tengo muchas cosas, pues vida nómade (risas); entonces no tengo libros, no tengo juegos de mesa, lo único que tengo es el Uno y las cartas. También cocino, veo películas, ordeno, pero ya no tengo nada más para ordenar (risas). Yo empecé la cuarentena hace dos jueves, después del último partido. A partir de ahí no salí de mi casa porque escuchaba las noticias y veía lo que se iba a venir.


Playmaker: ¿Qué les dijeron desde el club?


MG: En el club dijeron que después de ese partido se iban a suspender las actividades; con el tiempo nos fueron avisando más cosas. La semana pasada nos informaron que nuestros contratos estaban suspendidos, porque hay una cláusula que dice que, por casos de fuerza mayor pueden ser suspendidos o cancelados. Es todo muy complicado.


Playmaker: Al margen de cómo te tiene la cuarentena ahora, ¿cómo estás llevando la vida en Rumania?


MG: Para mí fue un cambio en todo sentido, desde el handball hasta el estilo de vida, me cambió todo al venirme para acá. Pero yo buscaba eso, un salto de calidad, más que nada a nivel de liga. Hacía 4 años que estaba en España y me parecía bueno ver si conseguía otra cosa, para dar un salto de calidad y de nivel. Cuando se me presentó esta oportunidad al principio pensé “¿qué hay en Rumania?”. Después, investigando, sabiendo que es una de las ligas más fuertes pensé “es ahora o nunca”. Al principio, como todo cambio, me costó acostumbrarme a otro idioma, a otro país, una cultura totalmente distinta; todos los cambios producen eso. Pero el nivel de la liga y el estilo de juego me encantaron desde el primer momento. Con los meses me fui adaptando.


Playmaker: ¿Qué es lo que más te gustó del estilo de juego?


MG: Es un juego mucho más duro a nivel físico, permiten demasiado el nivel de contacto. Siempre si hay falta, pero la pelota se soltó, es ‘siga, siga’; es muy fuerte en ese sentido. Y las transiciones son bastante rápidas: Ok, ¿defendiste? Volaste a la contra. Tanto en contraataque directo como contraataque sostenido, es todo el tiempo de un lado a otro, no hay un freno. Hay equipos que juegan más posicional, como en todas las ligas. Pero creo que eso es lo que más me llamó la atención, el nivel de contacto físico, bastante más duro.


Playmaker: ¿Y te costó mucho esa transición? ¿Tanto en defensa como en ataque?


MG: Sí, sí. Lo que me pasaba al principio, más que nada en defensa, era que yo tomaba a la jugadora y creía que era una buena toma, pero ella soltaba la pelota y la jugada continuaba, por más que yo le hubiera hecho una falta para frenar el juego, ellas soltaban la pelota. Entonces mi entrenador me corregía eso todo el tiempo, me decía: “si no vas a la pelota, no tiene sentido todo lo demás que hagas porque la pelota va a salir y el juego va a seguir”. Y eso al principio me costó un montón, pero después me acostumbré. Y en cambio atacando, en el momento de jugar un uno contra uno, al momento de un lanzamiento, quizás eso de seguir la jugada me beneficiaba, porque si seguía conseguía un penal o una exclusión de 2 minutos.


Playmaker: Y el cambio cultural, ¿cómo fue? ¿Cómo fue ir de Málaga a Cluj?


MG: Bueno, la verdad es que Málaga es una ciudad espectacular para vivir. Pero con Lucas, mi novio, nos planteamos que esto era algo nuevo; intentamos no comparar con lo que ya vivimos. Pensamos que era una experiencia distinta y que íbamos a vivirla bien, como tocaba. La verdad es que nos sorprendió bastante la ciudad. Cluj es una ciudad de gente joven, porque hay muchas universidades, entonces viene gente de otros países, gente joven, entonces está bueno porque es una ciudad con onda. El centro es mucho más lindo, mucho más vivo, comparado con otras ciudades. Con respecto a la temperatura dicen que tuvimos suerte porque este invierno no fue tan duro como el anterior, pero a mí me gusta focalizarme en el lugar en donde estoy y disfrutar de lo que me toca y del momento que me toca vivir. Málaga es una ciudad espectacular, pero acá también disfruto, por ejemplo, vivir en una ciudad en la que nieva. Es lindo abrir la ventana de tu habitación y ver todo lleno de nieve, para mí es algo loco y nuevo que nunca había vivido.


Playmaker: Lo que ya no es nuevo para vos es vivir en el exterior, ¿cuántos años tenías cuando te fuiste a tu primera experiencia en Brasil?


MG: Tenía 19 años cuando me fui.


Playmaker: ¿Y ya tenías en mente vivir de esto y ser jugadora profesional?


MG: Sí, cuando me fui a Brasil ya buscaba ser jugadora profesional, porque ya me había picado ese bichito y pensaba “me encantaría vivir de esto, me encantaría jugar en una liga profesional, tener esa experiencia”. Entonces ya me fui buscando eso. El primer año en Brasil fue complicado porque no fue como yo creía a nivel económico. Había muchos problemas económicos en el club y no nos pagaban, pero la verdad es que en ese momento no era lo que más me importaba. Lo que me interesaba era vivir la experiencia, adquirir otro roce de handball y seguir mejorando.


Playmaker: ¿Qué encontraste en cuanto a lo deportivo en Brasil?


Deportivamente me encontré con personas físicamente muy dotadas, los brasileros son genéticamente espectaculares, entonces trabajábamos mucho lo físico, hacíamos mucho gimnasio. Era mucho uno contra uno, usando la fuerza, a diferencia con Femebal, que tal vez era más rápido.


Playmaker: Comentaste que fuiste a Brasil con la idea de empezar una carrera profesional, ¿te espejaste en alguien en ese momento? ¿Cuándo descubriste que querías vivir de esto?


MG: Creo que a mí me ayudó mucho, estando en Sedalo, jugar con personas como Silvana Totolo, Luciana Mendoza, Valentina Kogan, gente con mucha experiencia. De hecho, fue Nanu Totolo la que me consiguió el contacto para ir a Cascavel, que fue mi primer club en Brasil. Un día me dijo: “están buscando una lateral izquierdo, ¿te interesa?”. Y yo pensé ‘¡wow!’, porque esa era la primera vez que realmente se me estaba dando esa oportunidad que yo tal vez estaba buscando. Al principio no estaba tan segura, pero lo hablé con mi familia y claramente mis papás tenían mucho miedo porque yo era chica; pero en ese momento pensé “me encantaría vivir esta oportunidad”, y después no lo dudé.


Playmaker: Con 19 años te fuiste sola a otro país. ¿Qué descubriste de vivir sola? ¿Qué fue lo más desafiante?


MG: Bueno, aprendí de cero a hacer todo, cocinar, limpiar (risas). En Brasil vivía con 10 chicas en un departamento, teníamos un solo baño y tres o cuatro habitaciones. El primer día que me tocó limpiar el baño me encerré y la llamé a mi mamá llorando, le dije: “mamá, por favor, no quiero esto” (risas). Me encontré con que tuve que resolver un montón de cosas con tan solo 19 años, en otro país, sola. Me acuerdo de que la gente del club me mandaba a hacer trámites, por temas de la visa, y yo iba sola, me tomaba un colectivo y no entendía nada, le preguntaba cosas a la gente. A veces me acuerdo de algunas situaciones y pienso “estás loca, Macarena, ¿cómo hiciste eso” (risas).


Playmaker: Además de la dificultad de no entender el idioma, que no es un tema menor.


MG: ¡Claro! Al principio o tenía ni idea del idioma, después aprendí; todo lo que conlleva no poder comunicarte bien te complica. Pero creo que también estos cambios me hicieron crecer como persona, más allá del handball. Te tenés que reinventar, te tenés que fortalecer en las diferentes situaciones que vas atravesando, tenés que resolver, esas cosas te hacen crecer un montón.

Gandulfo, en el partido por la liga rumana ante CSM Bucuresti. Créditos foto: Răzvan Păsărica

Luego de un año y medio en Brasil, y de un breve regreso a Argentina, Macarena consiguió dar el siguiente paso importante en su carrera cuando firmó por su primer club europeo, el Helvetia BM Alcobendas de la división de honor española. Aquel 2015, sin embargo, probablemente sea más recordado por otros hitos: la histórica clasificación de Argentina a los Juegos Olímpicos y su primer mundial adulto.


En los Juegos Panamericanos Toronto 2015 el seleccionado se encontraba con la inédita chance de quedarse con la única plaza para los Juegos Olímpicos. Brasil, el candidato al título y por entonces vigente campeón mundial, ya tenía asegurada su participación para Rio 2016, por ser el local; por lo tanto, el foco de Argentina estaba puesto en acceder a la final para concretar ese sueño olímpico. Para eso, era clave finalizar primero de grupo para evitar el cruce con las dirigidas por el danés Morten Soubak; pero al segundo día de competencia, la derrota ante Cuba puso en todo jaque.


Playmaker: Este iba a ser un año olímpico, así que tendrás presente lo que fue aquella primera clasificación. ¿Cómo recordás todo lo que fue Toronto 2015?


MG: Montaña rusa, eso fue una montaña rusa. Toronto fue un campeonato que no me lo voy a olvidar por muchas cosas. Fue uno de los torneos más marcantes y fue uno de los más lindos a nivel organización: la villa, los equipos, como estaba todo organizado, fue perfecto. A nivel deportivo fue una montaña rusa, porque nosotras nos preparamos tanto, tanto para ese torneo, que en tan solo 60’ se nos vino el mundo abajo. Después del partido contra Cuba fue como “¿y ahora qué?” Fue una desilusión enorme, una bronca…porque pensás que todo el esfuerzo que hiciste no valió la pena. Y al otro día te cambia completamente la situación. Al principio no lo podíamos creer, claramente, y después entendimos que por algo las cosas se dieron así, esto es así; es un juego y un día puede ser para vos y otro día para el otro.


Playmaker: Si tuvieras que armar una escala de emociones, ¿ponés Toronto por encima de todo? ¿O ponés Río 2016 y la histórica primera participación olímpica?


MG: Pongo a Toronto…en el momento en el que vimos que Uruguay le había ganado a Cuba, esa sensación de alivio, de “tenemos otra oportunidad”, porque realmente teníamos otra oportunidad, ya, en ese momento que teníamos que salir a jugar contra Chile. Creo que esa sensación va primero. Y cabeza a cabeza peleando va la imagen del último partido en Rio 2016, cuando terminó y teníamos a toda la tribuna de frente, con las familias y amigos ahí cantando; parecía como que habíamos ganado nosotras. Yo en ese momento creí que había salido campeona olímpica. La felicidad que teníamos de estar en ese lugar…ese fue uno de los mejores momentos de mi vida.


Playmaker: ¿Qué fue lo que más te quedó grabado de los Juegos?


MG: Yo me quedo con la imagen de nuestra gente, porque había un montón de familiares y amigos que fueron a vernos, me quedo con eso. Me quedo también con el buen juego que tuvimos, porque para mí jugamos muy bien. De hecho, para mí, fueron de los mejores partidos que tuvimos con La Garra vieja (risas). Esos partidos fueron muy buenos, contra Holanda, contra Rusia…si no hubiese entrado Vyakhireva…(risas). Yo no me olvido más, tengo en la cabeza que ella entró para tirar un penal y a partir de ahí se quedó en cancha y metió todos los goles ella, y fueron en los últimos cinco minutos. Me quedo con eso, con esa experiencia, con nuestra gente en la tribuna, y te repito, con ese último partido, que cantábamos esa canción que habíamos inventado y toda la tribuna con nuestros familiares, nuestros papás. Y también fue especial por las chicas que se retiraban, fue un momento muy emotivo el de ese último partido.


MG: Con todo esto en la cabeza, imagino que ya tendrías algo de ansiedad por jugar el torneo preolímpico.


MG: ¡Teníamos muchas ganas! Yo estaba con muchas ganas porque encima me había lesionado, pero ya llegaba impecable porque hacía dos semanas que ya estaba jugando, entrenando, me sentía bien. Me había enfocado mucho en la recuperación para estar al 100% y la verdad es que estábamos con muchas ganas, y confiábamos y creíamos en que se podía dar. Pero como puse en Twitter, hay que agarrar esas ganas y seguir trabajando para que cuando llegue el momento podamos hacer las cosas bien. Son dos partidos nada más.


Playmaker: ¿Por qué son tan importantes los Juegos Olímpicos?


MG: Es complicado contestar…primero porque, para mí, es lo más alto a lo que puede llegar un deportista, más que nada un deportista amateur, porque capaz que para un jugador de fútbol no es tan importante jugar unos Juegos Olímpicos, pero para mí, por ejemplo, es mi logro máximo haber llegado ahí. No solo el haber vivido ese momento sino todo el trabajo que hay detrás, que hiciste para poder conseguirlo. Es un trabajo de 4 años con un objetivo muy claro, muy fijo, que es lo que te tiene que motivar cada día para seguir. También, me parece que ser un deportista olímpico es poder compartir ese momento con otros deportistas olímpicos también, esa experiencia de poder vivir la competencia con otros atletas también es súper importante.


Playmaker: ¿Eso es lo que más disfrutaste fuera de los partidos?


MG: Sí, claro. Y disfruté mucho los logros de otros deportistas. Cuando estábamos en la villa y entraba algún argentino que había ganado alguna medalla y lo veías todo cansado, con la medalla colgando, pero con la sonrisa intacta; eso estuvo buenísimo. El ambiente que hay entre todos los deportistas, no sólo los de tu país, sino también cruzarte con gente tan grosa del deporte, ese es un recuerdo inolvidable. Por ejemplo, nos cruzamos con Manu Ginobili; lo vimos en el edificio de la delegación y nos subimos al mismo ascensor, ¿me entendés? ¡Compartimos el ascensor con Manu Ginobili! Yo no lo podía creer, fue inolvidable.


Playmaker: Imagino que te deben pasar muchas cosas por la cabeza cuando vivís esos momentos.


MG: Sí, claro. A veces estas en el punto máximo de felicidad y otros en los que estas muy bajón, pero es en esos momentos de felicidad en los que pensás que todo valió la pena. Hay situaciones que pasamos los deportistas que no son fáciles de llevar, que van desde lesiones hasta problemas económicos, estar lejos de tu casa, o simplemente extrañar a tu mamá. Son momentos dolorosos que tenemos que superar. Cada obstáculo que tengo, cada momento malo, intento superarlo con la pasión que tengo por jugar este deporte, por dedicarme a esto, porque creo que eso también me hace crecer como persona. A mí, por ejemplo, me pasó que en el momento en el que jugué contra CSM Bucuresti. En un momento durante la entrada en calor miré para el otro lado de la cancha y vi a la gente contra la que estaba por jugar y pensé: “todo esto me lo gané yo, con todo el esfuerzo que hice todos estos años para buscar mejorar y crecer y estoy acá, por jugar contra estas máquinas”, fue un momento de orgullo propio, de esos que te hacen sentir orgullosa de todo que fuiste superando, de todo el esfuerzo que hiciste para poder estar donde estás.


Playmaker: ¿Qué sueños ya fuiste cumpliendo y cuáles te quedan por cumplir cumplir?


MG: Los Juegos Olímpicos siempre fueron un sueño. Desde que soy consciente de la carrera que estaba por hacer, y de lo que podía llegar a lograr junto con la selección, los Juegos Olímpicos fueron el primer sueño que cumplí. Después, jugar una competición europea (Challenge Cup con Helvetia BM Alcobendas y Rincón Fertilidad Málaga) fue una de las cosas que en el momento que lo vi posible pensé “¡qué loco!”. Ahora, por ejemplo, hasta jugar Champions League no paro, ese sería un sueño más groso, me encantaría. Me gustaría jugar, aunque sea, una fase de grupos de Champions. Y con la selección, primero me encantaría ganarle a Brasil y ser campeona panamericana; y en un mundial, que consigamos un puesto bastante mejor que el de ahora, te firmo un puesto 11 o 12 (risas).


Playmaker: Ahora que mencionás la Champions League, ¿sos de mirar handball internacional?


MG: Sí, miro bastante. Estos últimos años entendí que mirando se aprende un montón. Antes tal vez no le daba tanta importancia, pero ahora me gusta mirar, cualquier tipo de partido. Observo mucho a jugadoras de mi posición, es un poco inevitable. Por ejemplo, con Duda Amorim me pasa mucho que observo los movimientos que hace. No es una jugadora que vos digas “uh, qué rápida”, sin embargo todas las fintas que hace son exitosas, todos los lanzamientos los mete, siempre. Entonces observo eso, ¿qué movimientos hace?, ¿cómo hace para salir de la finta?, ¿qué movimiento hace para elevarse y que le salga un buen lanzamiento? Esas cosas puntuales de las jugadoras. Y en defensa me encanta cuando hay sincronización, ¿viste que hay defensas que ves que están todas conectadas? Cuando ves que va una, va la otra, ver la sincronización, la movilidad, la concentración, eso es lo que más observo.


Playmaker: Hace rato que uno de tus roles principales en la selección es en la fase defensiva, ¿estás disfrutando de defender?


MG: Ahora lo disfruto un montón, me gusta este lugar que tengo en la selección, de defensora. Quizás antes no llegaba a verlo o a disfrutarlo, pero creo que ahora con los años uno se va dando cuenta de un montón de cosas y la verdad es que ahora disfruto defender. Y entiendo qué es lo que propone el entrenador, Dady, entonces me enfoco en eso e intento dar lo mejor desde ese lugar para el equipo, porque eso es siempre lo más importante para mí, poder ayudar al equipo. Y aprovechar si tengo alguna situación de contraataque para correr un poquito (risas), pero la verdad es que me gusta mucho el lugar que tengo ahora de defensora.


Playmaker: En aquel 2015 tuviste también tu primer mundial mayor, ¿cuáles fueron tus sensaciones?


MG: En mi primer mundial me sentía en Disney (risas). Estaba deslumbrada por todo lo que vivía, desde la organización, hasta jugar contra todos esos equipos, pero creo que en ese momento tal vez no era tan consciente de todo. Viéndolo a la distancia no sé si era consciente de contra quiénes estaba jugando o qué estaba jugando. Me parece que cuando va pasando el tiempo y voy sumando estas experiencias, tanto mundiales como competiciones europeas, o estar ahora en esta liga, me doy cuenta de que no soy tan consciente de dónde estaba. Igual lo disfruté un montón.


Playmaker: ¿Esa inconsciencia era necesaria para abstraerte un poco de todo eso que te deslumbraba?


MG: Claramente. Por un lado, creo que esa inconsciencia te hace jugar sin peso, yo entraba a la cancha y jugaba como si estuviera enfrentado a Cideco. Esa inconsciencia, por ese lado, estuvo buena para jugar, para poder disfrutar.


Playmaker: En lo que va de esta cuarentena habrás tenido tiempo para pensar varias cosas, aunque falte mucho para el retiro, ¿te planteaste cómo seguirá tu vida después del handball?


MG: Creo que eso es algo que siempre pensamos los deportistas, está todo el tiempo en nuestra cabeza. Y no sólo por el factor económico, yo me lo planteo por el lado de “¿podré encontrar algo que me haga tan feliz como me hace jugar al handball?”, esa es la pregunta que siempre me hago. Ojalá cuando deje de jugar encuentre otra cosa que me dé esa satisfacción o me genere esta pasión, como me genera el handball. Creo que ligada al handball voy a estar, porque es como que es nuestra filosofía de vida, no sé en qué, porque entrenadora no sé si querría ser, pero en algo relacionado al handball voy a estar. Me gusta la nutrición, la nutrición relacionada al deporte me interesa bastante, y es lo que ir quiero estudiando y seguir interiorizándome.


Playmaker: Hace unos días subiste en tus historias de Instagram una cita que decía: “Cuando me toque mirar por el retrovisor de mi vida quiero ver (con todo el amor del mundo) que me la jugué por lo que quería”. ¿Creés que hasta ahora te la jugaste por lo que querías? ¿Te arrepentís de algo?


MG: No me arrepiento de nada. La verdad es que desde allá por el 2013, cuando se me dio la oportunidad de ir a Brasil me la jugué con todo, porque siempre tuve muy fijos mis objetivos y mis metas, y qué era lo que yo quería; entonces cuando uno tiene bien en claro qué es lo que quiere o a dónde quiere llegar es más fácil pelearla, y la verdad es que no me arrepiento de nada. Todo lo que conseguí y todo lo que luché hasta ahora fue para estar donde estoy hoy, fue por el esfuerzo y por la perseverancia, por siempre buscar más y nunca conformarme. Y la verdad es que no me arrepiento de nada y estoy muy feliz de todo lo que viví, todo lo malo y todo lo bueno.

El 7 ideal de Maqui


Le pedimos a Macarena que forme su equipo ideal, pero incluyéndose, por lo que se quedó con las ganas de elegir a alguna de sus referentes: Eduarda Amorim o Cristina Neagu.

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